Imagina un electrodoméstico que, al presionar un botón, convierta los ingredientes en polvo en alimentos que cumplan con los requisitos de nutrición individuales de cada miembro del hogar. Aunque pueda parecer algo de ciencia ficción, las recientes investigaciones en impresión 3D para crear alimentos personalizados podría algún día convertir esto en una realidad.

En la actualidad hay diferentes empresas que ya se han sumando al carro de la impresión 3D. Pero antes de meternos en materia vamos a explicar un poco como funciona una impresora 3D.

Las impresoras 3D  utilizan diferentes tecnologías para cumplir su labor. Lo que busca en crear un objeto en tres dimensiones y esto lo logra construyendo capas sucesivamente hasta que consigue el objeto en cuestión. Este proceso recibe el nombre de “proceso aditivo”. Actualmente ya existen incluso escáneres 3D que son capaces de escanear el objeto y directamente mostrárnoslo en nuestro ordenador. Eso nos evita el arduo trabajo de tener que dibujarlo nosotros mismos. Esto hace que el trabajo sea mucho más sencillo, de hecho, podríamos compararlo con realizar una simple foto.

Las impresoras 3D tienen 3 tipos de forma de imprimir, por eso podemos encontrar 3 tipos de impresoras distintas: por adición de polímeros y por láser (SLA y SLS). Todas las impresoras utilizan el llamado proceso aditivo, aunque existan algunas  pequeñas diferencias entre ellas.

La impresión 3D puede evitar el desperdicio de alimentos

Ahora mismo os estaréis preguntando como ocurre ese salto de utilizar plástico para imprimir a utilizar comida. Pues bien, los procesos no son tan diferentes entre sí como pudieran parecer. La impresión en 3D de alimentos funciona de manera muy similar a la impresión en 3D de otros materiales en los que se depositan capas de materia prima para construir un producto final. En este caso se llenarían los “toners” de la impresora con las materias primas y, desde esa base, la impresora empezaría a construir. De esta forma, podríamos tener alimentos “a la carta”, totalmente personalizados a nuestro gusto.

Recientes estudios han demostrado que casi la mitad de alimentos que consumimos van directos a la basura. Podéis imaginar el problema que esto supone. En este campo, las impresoras 3D pueden ayudarnos más de lo que creemos. Además de ofrecernos todo tipo de opciones de personalización, la capacidad de imprimir alimentos en 3D en casa o en una escala industrial podría reducir en gran medida el desperdicio de alimentos y el coste del almacenamiento y transporte. También podría ayudar a satisfacer las crecientes necesidades de alimentos de una creciente población mundial (se estima que para 2050 seremos 10.000 millones de habitantes).

En la actualidad, este tipo de impresoras están siendo utilizadas mayoritariamente por chefs que han decidido innovar en el campo culinario. Pero no creo que esté tan lejos el día en el que este tipo de impresoras estén en nuestros hogares. A día de hoy, el precio es bastante elevado, pero tengo la certeza de que, en unos años, estos aparatos sustituirán a la cocina tradicional.

Y vosotros, ¿qué opináis de este tipo de alimentos?¿Creéis que son una buena opción de cara al futuro?

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