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Arreglo, enredo, embrollo, lío, remiendo, robo, chapuza… son algunos de los sinónimos que el diccionario Espasa Calpe ofrece para la palabra apaño. Cualquiera de ellos serviría para definir el acuerdo de la fiscalía con los acusados del denominado caso Pallerols; unos hechos que se remontan a los años noventa y un proceso que ha durado la friolera de catorce años, para desembocar en el reconocimiento de culpa por parte de un partido político, Unió Democrática de Cataluña, y el bochornoso arreglo entre la fiscalía y los abogados defensores para obtener una significativa rebaja de las penas, que libra de cárcel a los imputados. La Real Academia Española de la Lengua, entre otras definiciones, le da a la palabra apaño las de avío y connivencia que, sin duda, también ilustran atinadamente la resolución de este caso: una connivencia insoportable entre poderes que, lejos de estar separados como pretendía Montesquieu, en nuestro país, y con demasiada frecuencia, bailan pegados. De este modo nos encontramos con que unos delincuentes confesos, que desviaron a las arcas de Unió un dinero europeo destinado a la formación de parados, van a irse casi de rositas porque, gracias a la insoportable dilación de la justicia y al acomodo de la fiscalía evitarán la cárcel mediante el pago de una indemnización de 388.483 euros. ¿Es legal este acuerdo, este apaño, este avío? Sin duda lo será, pero para la opinión pública, que cada día, a causa de estas causas, se siente más alejada de sus instituciones, la legalidad su enturbia por el tufo pútrido que emana de unas componendas tan antiestéticas como la que nos ocupa. En su día, el máximo responsable del partido en cuestión, Duran Lleida, afirmó de manera rotunda y contundente que pediría perdón y dimitiría si se demostraba la financiación irregular de su partido. ¿Va a hacerlo? Lo dudo, y ojalá me equivoque y el líder catalán nos sorprenda con un gesto ejemplar y poco común. Pero resulta que, hoy por hoy, y aquí está el meollo de las connivencias político-judiciales, don Josep Antoni Duran y Lleida es el único político catalán capaz de lograr un retorno a la cordura en todo el tema de los referéndums y las independencias, la única persona que puede, como ya hizo en otras ocasiones, poner su lucidez y su inteligencia al servicio de Cataluña y de todo el Estado español. Se le necesita; el Gobierno le necesita, Rajoy le necesita desesperadamente y por eso pasa lo que pasa. Existen muchos precedentes similares a este. Casos en que las dilaciones judiciales, como hoy advierte el fiscal Torres Dulce, resultan escandalosas e inasumibles en un estado de derecho y que justificarían medidas de gracia. Esperemos que casos que se avecinan, como Gürtel y Urdangarin entre otros, no se nutran de esta jurisprudencia.

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