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En la mayoría de los medios de comunicación de mayor difusión se alarmó a la población indicando que, en el caso de que el Congreso de Estados Unidos no aprobara antes del 1 de enero de 2013 la Ley que ordenaba al Gobierno federal a aumentar los impuestos y a reducir su gasto público (a fin de disminuir el déficit del Estado federal), se dispararían automáticamente toda una serie de medidas radicales que forzarían al Estado federal a incrementar los impuestos y a recortar drásticamente el gasto público, lo cual crearía una gran recesión en la economía estadounidense y, por lo tanto, en la economía mundial (debido al gran tamaño de la economía estadounidense). Pues bien, llegó el 1 de enero de 2013, sin que hubiera tal Ley, y no hubo ningún abismo fiscal. ¿Por qué no se cayó en el abismo fiscal? La respuesta es sencilla. No hubo abismo fiscal porque los mercados financieros ya habían detectado que habría un acuerdo en cuestión de días, tal como pasó. Fue después, y no antes, del 1 de enero cuando la Ley se aprobó. Y en realidad podría haberse aplazado más días, pues sólo unos días más tarde se constituía el nuevo Congreso (el 113 Congreso) en el que los Republicanos tenían menos miembros que los Demócratas, con lo cual el presidente Obama hubiera estado en una situación más poderosa que días antes. En realidad, las elecciones al Congreso habían significado la derrota del Partido Republicano (controlado por el Tea Party), pues tal partido perdió el voto electoral, no sólo en el Senado, sino también en la Cámara Baja. Esta pérdida de las elecciones quedó ocultada por un diseño de los distritos electorales enormemente sesgado a favor de los candidatos republicanos, debido a que el Partido Republicano controla la gestión del proceso electoral a nivel de muchos Estados (homologable a las Comunidades Autónomas en España). De ahí que, aunque la mayoría de la población votante votó al partido Demócrata, fue el Republicano el que ganó más parlamentarios en la Cámara Baja del Congreso, obteniendo una mayoría. ¿QUÉ HUBIERA PASADO SI LA LEY NO SE HUBIERA APROBADO EL DÍA QUE SE APROBÓ, Y SE HUBIERA APROBADO UNA O DOS SEMANAS MÁS TARDE? Pues, además de no haber abismo fiscal, se podrían haber obtenido resultados más progresistas. Por ejemplo, el presidente Obama cedió ante la demanda del Partido Republicano de que no se aumentaran los impuestos de las personas que ingresan más de 250.000 dólares al año. Si no se hubiera firmado la Ley, los recortes de impuestos que había aprobado el presidente Bush jr. se habrían anulado, aumentándose así los impuestos de los súper ricos, incluyendo todos aquellos que ingresan más de 250.000 dólares al año. Ello habría significado unos ingresos de 200.000 millones de dólares en diez años, que dejarán de recogerse según la nueva Ley. Es cierto que los impuestos del 90% de la población restante también hubieran aumentado, al terminarse también las rebajas fiscales que había firmado el presidente Bush jr. Pero el nuevo 113 Congreso podría haber reducido tales impuestos si así lo hubiera deseado. Y los republicanos no podrían haberse opuesto, ya que ello les supondría un elevado coste político, debido a que habrían aparecido oponiéndose a rebajar los impuestos. ¿Por qué, pues, el presidente Obama no esperó unos días más a que se firmara? Pues porque los simbolismos en política son muy importantes. No haberlo firmado el día que se esperaba su firma habría dado una imagen de inoperancia del Gobierno federal que no quería transmitirse. Pero hay que hablar claro. Podría haberse atrasado el Pacto Fiscal y no habría habido ningún abismo fiscal. Los establishments políticos y mediáticos constantemente crean imágenes de crisis (por ejemplo, en Europa se creó la imagen de que el euro iba a desaparecer, cuando, en realidad, el euro nunca estuvo en peligro de desaparecer) que siempre favorecen a los más poderosos a costa de todos los demás. LOS COSTES DE “HABER EVITADO EL ABISMO FISCAL” Aunque los medios de mayor difusión mostraron que los dos bandos del conflicto tuvieron que ceder (presentando tal comportamiento como síntoma de madurez política), el hecho es que el presidente Obama fue el gran perdedor (en contra de lo que muchos corresponsales de los medios españoles en EEUU han afirmado). El intento inicial era que el Pacto Fiscal que debía firmarse para evitar el supuesto abismo fiscal, era que se llegaría a un acuerdo sobre el nivel de deuda pública permisible. Como he indicado recientemente (ver “¿Por qué el alarmismo sobre el abismo fiscal en EEUU?” El Plural 07.01.13), la deuda pública en EEUU no tiene ningún problema. Pero lo que en EEUU se llama la Corporate Class (las élites financieras y empresariales que controlan la economía de EEUU) cree que el Estado del Bienestar y la Seguridad Social son demasiado extensos, dando demasiada protección al mundo del trabajo. Es la guerra de clases unidireccional que tal clase gana diariamente. Y un elemento clave en esta guerra es establecer un nivel de deuda que el Estado federal pueda asumir. De ahí la “alarma” de que la deuda es insostenible. En realidad, esta deuda pública representa un 60% del PIB y los intereses de los bonos públicos del Gobierno federal son los más bajos del mundo. El Estado federal no tiene ningún problema en conseguir dinero, y por lo tanto no tiene ningún problema con su deuda pública. Ahora bien, los ultraliberales son impermeables a los datos. Constantemente acentúan que el déficit federal ha ido subiendo a unos niveles estratosféricos durante la Administración Obama. Es lo que también repetía Sala i Martín (en su videoblog en La Vanguardia) en su análisis de las causas del abismo fiscal. Subrayaba tal economista que el enorme crecimiento del déficit público durante la Administración Obama había creado el problema. Predeciblemente, los datos muestran lo contrario. El déficit durante el Gobierno Obama ha descendido, no aumentado. El déficit federal fue en 2009 el 10,1% del Producto Nacional Doméstico. Bajó a un 9% en 2010, a un 8,7% en 2012, y a un 7% ahora, y ello resultado del crecimiento económico. El déficit, por lo tanto, ha estado bajando, en parte debido al crecimiento, consecuencia del estímulo económico. Y lo que los Republicanos desean es precisamente utilizar el falso argumento de la insostenibilidad del déficit y de la deuda pública para forzar el desmantelamiento y privatización de la Seguridad Social (que, por cierto, no contribuye en nada a crear el déficit o la deuda pública federal, pues no es parte del presupuesto federal). Y en realidad desean acotar el límite de la deuda, y el Pacto firmado no resolverá este tema. Y ahí fue donde Obama perdió la oportunidad al ceder tan pronto, como es costumbre en él, y que es causa de la enorme frustración que las bases del Partido Demócrata, incluyendo los sindicatos, tienen hacia su Administración.

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